Sofismas kirchneristas

Estoy harto de los sofismas (refutación o silogismo aparente, con objetivo de defender algo falso confundiendo al oyente o interlocutor) que usa el oficialismo ante cualquier crítica de la oposición, periodismo o personas indiferentes.

Empecemos con el primero, pero habrá más. El abogado laboralista y diputado nacional, Héctor Recalde, defendió a las candidaturas testimoniales diciendo que: “Hay que tener respeto por el pueblo y no hablar ‘de la ignorancia del pueblo’. Esto es querer volver al voto calificado“.

Primero y principal. No lo vi a Recalde durante los ’90 respetando “el voto del pueblo”, cuando se votaba a Menem o De la Rúa. El no escatimaba críticas por no estar de acuerdo con lo que esos gobiernos planteaban. Y eso no implicaba que Recalde fuera golpista, antidemocrático y bregara por el voto calificado. Simplemente no estaba de acuerdo con lo que pensaba la mayoría, y eso es válido en cualquier democracia. La historia demostró que Recalde, durante esos gobiernos, tuvo razón: los trabajadores se vieron fuertemente afectados por las políticas que implementaron esos presidentes. En esa oportunidad, Recalde tuvo razón y no la mayoría de los argentinos que votó distinto.

Pero en segundo término, critica a los que critican “la ignorancia del pueblo”. No sé quién habrá usado esa expresión, y coincido con que no es demasiado feliz. Más aún cuando se dice que “los pobres no entienden”. En este punto me quiero detener. No se trata de una cuestión de pobreza o nivel académico. No conozco absolutamente a nadie, ni siquiera a una persona, que sin ser politólogo, abogados o periodista especializado, entienda qué es lo que se vota el 28 de junio. Ni una.

En ese sentido, nadie propone volver al voto calificado. Pero debemos acordar en que la ciudadanía no tiene por qué estar pendiente de cómo funciona el sistema electoral; así como yo no tengo idea de cómo funciona el derecho laboral, el aparato digestivo o cuántos capacitores existen en mi computadora para funcionar. Las elecciones deberían ser algo simple y entendido por todos. Hoy eso no sucede, con lo cual algunas cosas reclaman una revisión.

Efectivamente, las candidaturas testimoniales son una estafa que apuesta a la confusión de la ya muy confundida ciudadanía. No es culpa de que sean tontos o iletrados. Simplemente el sistema electoral y político es tan complejo que sólo los expertos lo entienden. Y el Gobierno, por ahora, prefiere subirse a esta confusión.

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