San Juan: una luz amarilla

"Gioja lo hizo”. Ese parecía ser el resumen de las charlas que tenía con los sanjuaninos. La autopista de circunvalación (una especie de General Paz local), el Centro Cívico (un complejo edificio parecido a ciudad universitaria, donde se concentran casi todos los trámites provinciales), el crecimiento económico récord, un nuevo dique, una planta de energía solar, escuelas, hospitales, la erradicación de las villas, incentivos a la producción… ¡Todo eso (y mucho más según ellos) lo hizo Gioja!

En mi breve excursión a San Juan, muchos de esos logros me sorprendieron. Es verdad que se ve muy bien la provincia (o al menos la capital). Habría que ver cuáles de esos logros pertenecen realmente a José Luis Gioja y cuántos responden a otros factores como el ingreso de dinero de la minería, el crecimiento económico argentino o que el Gobierno nacional lo favorece en el reparto de fondos. Pero vale darle la derecha al hombre en sus méritos.

El problema es que los sanjuaninos no parecieron entender que esta no era una votación para aprobar o rechazar la gestión de Gioja. Lo que se votó fue una reforma constitucional para permitir que cualquier gobernador (este y todos los que vengan) pueda ser re-reelecto. Así tanto Gioja (un gobernador “bueno”) como el peor de los tiranos, tendrán la posibilidad de gobernar 12 años seguidos.

“¿Pero cuál es el problema? No votamos para rey. Cada cuatro años el tipo va a tener que revalidar su gestión. El tiene que tener la posibilidad de presentarse y, si no hace las cosas bien, la gente no lo votará. No hay por qué prohibirlo”, me contesta un empresario local cuando le expongo mi razonamiento.

El que gobierna cuenta con todas las ventajas para mantenerse en el poder, en especial en economías de fuerte dependencia del Estado: tiene la plata, puede presionar a los empleados públicos y a los que reciben planes sociales, maneja los medios de comunicación gracias a la pauta oficial, cuenta con los medios públicos a su favor, dispone de la Policía para reprimir las protestas en su contra o favorecer las marchas a su favor, puede usar los dineros públicos para perjudicar o beneficiar empresarios… es decir, tiene todos los recursos del Estado a su favor.

El recambio político ayuda a descongelar estas estructuras que un gobernante puede ir generando en sus cuatro u ocho años de gobierno y ayuda a fortalecer los derechos de los ciudadanos. Por eso –para evitar los abusos y la perpetuación en el poder- es que las constituciones suelen prohibir la reelección indefinida no sólo acá sino en la mayoría de los países del mundo.

Más allá de las valoraciones políticas respecto al gobierno de San Juan, debe encender una luz amarilla el hecho de que la ciudadanía de una provincia acepte tan fácilmente desprenderse de esa cláusula constitucional que facilita la posibilidad de la alternancia.

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